jueves

“Por fin, viles”: el precio del odio de la buena gente italiana

Traducido para Rebelión por S. Seguí


El duce del fascismo, Benito Mussolini, cuando el 10 de junio de 1940 asestó la famosa puñalada por la espalda a una Francia ya derrotada por Alemania, comentó con sus más cercanos colaboradores que necesitaba “poner sobre la mesa de la paz unos cuantos miles de muertos”.


Es imposible que no nos vuelva a la mente aquel vil episodio de la historia italiana hacia Francia y hacia los militares del propio ejército real italiano cuyas vidas fueron sacrificadas por Mussolini (las primeras de cientos de miles), en relación con la política del llamado respingimento (rechazo) de los inmigrantes que nuestro gobierno manda al matadero, a despecho de las Naciones Unidas, el Derecho Internacional y la Humanidad.


La vergonzosa gestión de Roberto Maroni (y de Silvio Berlusconi), defendida y justificada en estos días por una caterva de corifeos (entre otros, Fassino, Rutelli, Chiamparino), es imposible que no nos recuerde la del criminal de guerra Mario Roatta, el general fascista que hace 69 años llevó a cabo la ruinosa agresión en el frente noroccidental.


La realidad es, de hecho, que con el pack de seguridad y rechazo, la Liga Norte y el Gobierno han querido conseguir sus miles de muertos, carne negra de matadero (alguno de los cuales quizás hasta sea biznieto de los áscaris somalíes o eritreos utilizados por el fascismo en Etiopía), para arrojarlos sobre la mesa de la campaña electoral. Y los han conseguido.


Los han obtenido, y dentro de un mes, más o menos, pasadas las elecciones, probablemente regresaremos a otras políticas menos inhumanas, obligados por Bruselas o inducidos por algún obispo. Lo más repulsivo, sin embargo, no es la cínica capacidad de los políticos de fomentar los más bajos instintos del país que ellos mismos han alimentado con una desinformación sistemática. Es aborrecible la emergencia de nuevo de la fuerza del odio, la verdadera fiebre italiana, la que llenaba las plazas para aplaudir la guerra mundial y la que hace popular y rentable electoralmente una política contraria a la integración de los trabajadores inmigrantes.


Los italianos que se autodefinen como buena gente demuestran una vez más (y nuestra clase dirigente es su expresión fotográfica) ser un pueblo extraordinariamente sumiso ante los fuertes y vergonzosamente violento con los débiles, sean éstos la Francia ya derrotada de ayer o los inmigrantes de hoy. El racismo es pues sólo una expresión del carácter de una nación que, siempre indulgente hacia sí misma –lo demuestra la ilegalidad difusa–, cree poder salvarse mostrándose inflexible con los más débiles, hasta el punto de violar los derechos más elementales de éstos.


No solo esto: los italianos que se consideran más listos que el hambre demuestran una insólita capacidad para dejarse tomar el pelo. La dureza criminal hacia el que se juega la vida atravesando el canal de Sicilia es un simulacro de dureza, teniendo en cuenta que sólo un inmigrante de cada veinte (los más desesperados) utiliza esta vía. Del mismo modo, la intención de crear rondas de ciudadanos (con la consiguiente abdicación del Estado de Derecho de ejercer el monopolio del uso de la fuerza), esconde a una policía y unos carabinieri que no disponen de gasolina para combatir la verdadera delincuencia.


“Por fin, viles” es el cutre titular del diario Libero de hoy. Y viles quieren sentirse por un día los italianos. Impotentes contra los negocios ilegales, las mafias, la evasión fiscal y las castas, se contentan con imponer su vileza a los inmigrantes. Es nuestra fotografía de la nación, y Papi Silvio y las rondas de la Padania somos en realidad todos nosotros.





Gennaro Carotenuto, licenciado y doctor en Historia, enseña Historia del Periodismo en la Universidad de Macerata (Italia). Estudioso de la política internacional, los regímenes dictatoriales y la Historia Contemporánea de América Latina, enseña también Geopolítica e Historia Oral en la misma universidad, y ha sido profesor invitado en la Universidad de Montevideo, (Uruguay). En 2005 publicó Franco e Mussolini, la guerra vista dal Mediterraneo, Milán, y en 2007 fue editor del cuarto volumen de Storia e comunicazione. Un rapporto in evoluzione, EUM.


S. Seguí pertenece a los colectivos de Rebelión, Tlaxcala y Cubadebate. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar el nombre del autor y el del traductor, y la fuente.

http://www.gennarocarotenuto.it/7888-finalmente-cattivi-il-prezzo-dellodio-degli-italiani-brava-gente/

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