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La política internacional de la Administración de EEUU frente a Corea del Norte y sus fricciones nucleares

En el año 1998, Corea del Norte lanzó una prueba misilística sobre Japón hacia el Océano Pacífico. Este hecho que demostró que podía atacar su territorio y trajo grandes preocupaciones por parte de este país y de Corea del Sur, principales aliados de Estados Unidos. Luego de varias solicitudes de desarme, el presidente Clinton aplicó sanciones económicas a Corea del Norte.

Durante los años 1999 y 2000, la Administración Clinton concentró sus esfuerzos diplomáticos en cerrar un acuerdo en materia de misiles entre los gobiernos estadounidense y norcoreano. Sin embargo, solo se concretó una moratoria indefinida de pruebas misilísticas por parte del gobierno de Pyongyang.

La llegada a la presidencia de George W. Bush marca un nuevo capítulo en la crisis de la península coreana, en contraste directo con la política llevada a cabo durante los noventa por la administración Clinton. A partir de la asunción de Bush en Enero del año 2001 se anunció como una de las principales tareas hacer una revisión de la política estadounidense hacia Corea del Norte.

A la negativa de la administración Bush de continuar la política implementada durante la era Clinton hacia Corea del Norte, se sumaron otras voces críticas de la conducción demócrata durante los noventa, que vieron la posibilidad de revertir la situación cuando asume la presidencia el republicano George W. Bush. Muchos de los analistas neoconservadores influyentes en la administración Bush, criticaron el Acuerdo de 1994 debido a que lo consideraban demasiado concesivo para el gobierno norcoreano.

En cuanto al análisis de la posición de los países de la región en la crisis nuclear de la península, es preciso destacar que Corea del Sur es un enemigo histórico de Corea del Norte y aliado estratégico de Estados Unidos desde el fin de la guerra coreana en 1953. Sin embargo, inició en la actual presidencia de Kim Dae Jung una política de acercamiento hacia su vecino norcoreano, que mostró iniciativas que marcaron un cambio significativo en la diplomacia regional. A diferencia de Corea del Sur, Japón tiene pocos intereses en Corea del Norte. A pesar de esto, el gobierno japonés demuestra una gran preocupación por el programa nuclear de Pyongyang. Es por ésta razón, que en los últimos años el interés de Japón en defensa misilística se ha incrementado. Por consecuencia, Japón comenzó un proyecto junto con Estados Unidos en defensa de misiles, ya que Pyongyang demostró con sus pruebas en 1993 y 1998 que sus misiles tenían alcance hacia su país.

Para China, principal proveedor de energía y alimentos de Norcorea, la nuclearización de la península y la posibilidad de un efecto dominó en los demás países de la región, constituyen una gran preocupación. A diferencia de Japón y Corea del Sur, China no enfrenta una amenaza misilística. Sin embargo, cualquier conflicto militar en la península coreana o el colapso del régimen de Corea del Norte, lo enfrentaría a serias consecuencias estratégico-económicas. Por lo tanto, su rol en la resolución de la crisis es clave, ya sea por la política de presión que puede ejercer hacia Pyongyang, como por la convergencia que tiene con Estados Unidos en cuanto a mantener el status quo en la región.

El ataque a las Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de Septiembre del 2001, y el consiguiente cambio en la política exterior estadounidense, marcan un nuevo capítulo en las relaciones entre Estados Unidos y Corea del Norte. La prioridad en política exterior de la Administración Bush será la guerra contra el terrorismo, los estados débiles y la proliferación de armas nucleares. El 20 de Septiembre del año 2002 la administración presentó ante el Congreso el documento que elabora la nueva doctrina, la Estrategia de Seguridad Nacional. En el mismo, Estados Unidos establece las prioridades de política exterior y seguridad de la administración para confrontar la amenaza terrorista. En dicho documento identifican tres países como estados canallas, que persiguen programas de Armas de Destrucción Masiva y pasarán a llamarse con el famoso nombre de eje del mal. Estos países son Irak, Irán y Corea del Norte.

En Octubre de ese mismo año, una visita de la delegación norteamericana a Corea del Norte, afirma que existen evidencias del desarrollo de un programa nuclear por parte de Pyongyang. El programa incluye enriquecimiento de Uranio, una violación al acuerdo de 1994 firmado entre los dos países. Esto es reconocido, (aunque no de manera oficial) por el gobierno de Corea del Norte, desencadenando una crisis con Estados Unidos.

En el año 2003, Corea del Norte se retira del Tratado de no Proliferación Nuclear, y durante ese año expresa una disposición a negociar bilateralmente con Estados Unidos. Pero éste último se niega ya que el objetivo de la Administración Bush será crear un marco de negociación que incluya a los países de la región directamente interesados en resolver la crisis de la península.

China, como el país que más influencia tiene sobre Pyongyang, comienza a presionar a Norcorea para participar de rondas multilaterales de seis partes de negociación. Los países interesados en resolver la crisis por la vía diplomática, Estados Unidos, China, Rusia, Japón, Corea del Norte y Corea del Sur; tienen su primer encuentro el 27 de Agosto del 2003 en Beijing. En Junio del 2004, se realizaron las segundas negociaciones. Sin embargo la tercera ronda prevista para Septiembre fue suspendida por Pyongyang en espera de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en Noviembre.

El debate entre los dos candidatos a presidente de Estados Unidos, el
Senador demócrata John Kerry y el Presidente G. W. Bush, demostró que la crisis nuclear en la península coreana constituye una de las prioridades en la política exterior estadounidense en la actualidad. Tanto en el debate de Miami, como en el debate de St Louis, los dos candidatos presentaron sus estrategias para tratar con Corea del Norte.

El triunfo de George W. Bush en las elecciones de Noviembre del 2004, significa el deseo de continuar la política de negociación de seis partes, iniciada en Agosto del 2003. Sin embargo, actualmente no se visualizan las condiciones que podrían llevar a un acuerdo, sobre todo luego de que el pasado 10 de Febrero, Corea del Norte reconoce oficialmente que está desarrollando un programa nuclear y que se retira de forma indefinida de las negociaciones de seis partes.

PROPUESTA

El dilema acerca de cuál es la política a adoptar por parte de Estados Unidos hacia Corea del Norte, se vio reflejado en el extenso debate académico de las relaciones internacionales sobre el tema los últimos diez años. Así como también, en los círculos más altos de las Administraciones de Clinton y George W. Bush. Por esta razón se analizará en el presente trabajo el caso de Corea del Norte para el gobierno estadounidense, considerado como una de las crisis más preocupantes y urgentes a resolver.

El análisis de la crisis nuclear de la península coreana es muy amplio. Desde la importancia en seguridad estratégica del nordeste asiático para Estados Unidos, hasta la posición de los demás países involucrados en la negociación. En primer lugar, es importante estudiar las motivaciones del régimen norcoreano de desarrollar un programa nuclear.

En segundo lugar, se considera importante analizar la situación de los aliados estadounidenses, Corea del Sur y Japón, y su postura ante la conducción de la crisis por parte de la Administración Bush. Del mismo modo, y más importante aún, junto con Estados Unidos China es un actor fundamental en la resolución de la crisis nuclear norcoreana. Sin embargo, ni las motivaciones de régimen norcoreano, ni la postura de los aliados y de China, contemplados en el panorama de la crisis, serán objeto de estudio del presente trabajo.

El punto de partida del análisis será, entonces, desde las críticas de quienes formarán parte del gobierno republicano a la conducción demócrata de la política norcoreana. A pesar de que existe un extenso debate estadounidense acerca de cuál debería ser la política a adoptar, esta tesis apuntará específicamente al nivel de policy implementado por la Administración Bush hacia Corea del Norte desde el inicio de la presidencia, en Enero del 2001.

Los lineamientos generales de la política exterior demócrata

En los primeros meses del año 2000, Stephen Walt publicó un artículo en Foreign Affairs en el cual presenta un claro resumen de los ocho años de la Administración Clinton en política exterior3. A pesar de considerar las críticas hacia la política exterior implementada por esta administración, el autor rescata de manera positiva la conducción demócrata llevada a cabo en esa materia.

Su análisis parte del contexto de post-guerra fría en donde ubica a Estados Unidos en una posición estratégica de preponderancia sin precedentes. Esto, sumado a la falta de rivalidad, tendrá para Estados Unidos importantes pero paradójicas implicancias en la conducta de su política exterior4. Walt destaca que dicha situación le otorga al país una libertad de acción que contrasta con el período de Guerra Fría, en el cual la amenaza soviética le ofreció a los líderes estadounidenses un claro panorama de prioridades, imponiendo así disciplina en la conducta de la política exterior. Aunque numerosos problemas merezcan la atención de Estados Unidos -argumenta Walt- en la década de los noventa no enfrenta el tipo de desafío político inminente que frecuentemente enfrentó durante el SXX. Así, surge la paradoja central de unipolaridad: Estados Unidos goza de una enorme influencia pero tiene poca idea de qué hacer con su poder o cuánto poder debiera consumir.

En este contexto, sostiene el autor, la Administración Clinton conduce una política exterior dominada por cuatro metas. En primer lugar, la administración buscó disminuir la competencia en seguridad y reducir el riesgo de una guerra seria en Europa, Asia del Este y en Medio Oriente, en gran parte permaneciendo militarmente comprometido en cada una de estas regiones. Otro de los desafíos fue el trabajo de reducir la amenaza de Armas de Destrucción Masiva (ADM)6. En tercer lugar, trató de fomentar una economía mundial más abierta y productiva, considerando esta meta como un componente importante de la prosperidad económica de Estados Unidos. Por último, expone que la administración trató de construir un orden mundial compatible con los valores estadounidenses básicos, alentando el crecimiento de la democracia y usando la fuerza militar contra los mayores abusos de derechos humanos.

Según el autor, estas metas perseguidas durante la Administración Clinton son virtualmente idénticas a las prioridades de la política exterior que postulaba el entonces candidato republicano, George W. Bush8. La intención de rescatar dichos objetivos, y encontrar una similitud con la plataforma republicana, permiten al autor defender la conducta demócrata en la política exterior de esos años. De esta manera, Walt concluye: “Furthermore, an administration that made significant progress on most, if not all, of these goals would normally be regarded as successful, particularly if it had to overcome major obstacles to achieve them. With that standard in mind, how will has Clinton done?”

La Administración Clinton mantuvo, tanto en Europa como en Asia, sus compromisos de alianza existentes. En Asia también constituyó una prioridad el preservar su presencia militar en toda la región. La piedra angular de este esfuerzo fue la reafirmación del tratado de seguridad Estados Unidos-Japón en Abril de 1995. Este acuerdo templó las preocupaciones de Japón sobre la presencia militar de Estados Unidos y ofreció, al mismo tiempo, un símbolo poderoso del

compromiso continuado de América en Asia.

En cuanto a la relación con China específicamente, a pesar de un comienzo difícil, Walt sostiene que la política de Clinton hacia Pekín ha sido una combinación efectiva de compromiso y disuasión. La administración asumió el cargo comprometida a presionar a China en la cuestión de derechos humanos, pero la relación Estados Unidos-China se vio amenazada por dicha presión. Desde ese momento, Clinton buscó enfatizar los beneficios de la cooperación otorgándole a China el trading status de nación más favorecida y apoyando la entrada de este país a la Organización Mundial del Comercio (OMC)11; tratando al mismo tiempo de enfatizar los costos que tendría una confrontación12.

Como se mencionó anteriormente, el autor también rescata la política contra las Armas de Destrucción Masiva como otro de los pilares importantes en la política exterior de la Administración Clinton, considerada como parte del interés nacional de Estados Unidos. Durante este período se destacan el caso de Ukrania, Belarús y Kazakjstan en el que renunciaron al arsenal nuclear que heredaron de la URSS, así como también la ratificación de la Convención de Armas Químicas.

La política de la Administración Clinton hacia Corea del Norte Con el objetivo de disuadir a Corea del Norte de adquirir armas nucleares, la
Administración Clinton firmó un acuerdo con el gobierno de Pyongyang en el año 1994, el llamado Agreed Framework. Al momento de tomar la decisión de concretar dicho acuerdo, el gobierno estadounidense efectuó varias explicaciones que llevaron a descartar las demás opciones para resolver la crisis. Principalmente la
opción del ataque aéreo preventivo contra las instalaciones nucleares norcoreanas, ya que podría no eliminar del todo dicha capacidad nuclear.
La línea más dura criticó a Clinton de recompensar el desafío norcoreano al régimen de no proliferación14. La respuesta de Stephen Walt frente a este cuestionamiento, en tiempos de campaña presidencial en el año 2000, y dirigiéndose a la plataforma republicana fue: “They have yet to offer an alternative policy that would have achieve as much as little”.

Dadas las limitaciones en la resolución de la crisis en 1994, y en palabras del autor: “the situation called for flexibility, persistence, and creativity; the admninistration displayed them all”. Sin el acuerdo de 1994, Corea del Norte hubiera obtenido suficiente material fisionable para un número considerable de bombas nucleares16. Prevenir un suceso tan desestabilizante, formaba parte, sin dudas, del interés nacional de Estados Unidos. De esta manera, Walt concluye:
“Given the limited array of options and the potential for disaster, Clinton’s handling of North Korea is an impressive diplomatic achievement”.

La alternativa política que se recomendaba, descartaba la posibilidad de actuar en el caso de que Pyongyang no demostrara con sus acciones la buena voluntad de remover la amenaza. Se consideraba que si Norcorea demostraba la buena voluntad de renunciar tanto a su programa de misiles de largo alcance como a su programa nuclear, se procedería al camino de la normalización de las relaciones27.

Sin embargo, el informe destacó que Estados Unidos no podía hacer respetar la estrategia unilateralmente. También requería el apoyo continuo al Agreed Framework por parte del Congreso y de los parlamentos surcoreano y japonés, agregando que la viabilidad de esta estrategia también dependería de la cooperación de Norcorea. Perry destacó que la política de revisión condujo a que los gobiernos de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur trabajaran juntos de manera más cercana que antes. La cooperación trilateral fue considerada, en ese momento, como un resultado importante de dicha revisión28.

Luego de citar varios encuentros considerados positivos, entre los gobiernos de Estados Unidos y Corea del Norte en el año 199929, Perry concluye con una visión optimista para la resolución de la crisis en la península coreana: “Pyongyang appears committed to the Agreed Framework and for the time beign is convinced of the value of
improving relations with the U.S. The year 1999 may represent, historically, one of our best opportunities for some time to come, to begin a path to normalization, wich after decades of insecurity, will finally lead to a Korean Península wich is secure, stable, and prosperous”30.

Para reafirmar la visión optimista de concebir las relaciones normales entre los dos gobiernos en un futuro, Perry elaboró una analogía con Vietnam: “Ten years ago..., it might have been unthinkable that we´d have had a normal relationship with Vietnam. But today, we do. That includes not only normal diplomatic relations, including an embassy, but it also includes normal trade relations. We would certainly hope that that´s where this would lead North Korea as well”31.

Primer año de la Administración Bush: política hacia Corea del Norte
Cuando Bush y su equipo llegaron a la presidencia en Enero del 2001, a pesar del escepticismo de la administración republicana, todo indicaba que el programa nuclear norcoreano estaba paralizado. La tarea de redefinir la política estadounidense hacia Corea del Norte sería un objetivo declarado ya en los primeros días de gobierno. Como decía Collin Powell, Secretario de Estado, ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado:
“Corea del Norte es un régimen despótico; está quebrado. No tenemos ilusiones con respecto a este régimen. No tenemos ilusiones con respecto al caballero que gobierna Corea del Norte. Es un déspota, que también preside una sociedad fracasada que de alguna manera tiene que comenzar a abrirse para no derrumbarse. Una vez que se abra, igual puede derrumbarse de cualquier manera.
El presidente Bush ha indicado que aprecia lo que hizo el presidente
surcoreano Kim Dae Jung con respecto a la apertura de esa ventana, como se la llama con frecuencia (al reunirse con su homólogo norcoreano Kim Jong Il en junio de 2000) y lo apoya, así como a las cosas adicionales que hará este año... y al mismo tiempo revisaremos lo que planeamos hacer con respecto a nuestros contactos con Corea del Norte, cuando decidamos que es el momento apropiado de
tenerlos ...Y al contemplar todos los elementos de la negociación que la administración previa dejó, hay algunas cosas que son muy prometedoras. Lo que no había era un régimen de control y verificación de la clase que quisiéramos para avanzar en las negociaciones con semejante régimen.
Y los norcoreanos no participaron en ello de ninguna manera seria durante el período de la administración del presidente Clinton”.
En estas declaraciones se plantea, por un lado el apoyo a la política del presidente de Corea del Sur hacia el Norte. Por otro lado, se hace expreso que el nuevo gobierno estadounidense hará una política de revisión hacia el país norcoreano.
Desde un primer momento la nueva administración expresó la necesidad de profundizar los canales de negociación con Corea del Norte y comprometer de manera más seria a este gobierno. Esto es, no limitarse a la negociación con respecto a la amenaza misilística, como lo hiciera la Administración Clinton los últimos dos años, sino ampliar las condiciones de seguridad hacia la amenaza nuclear y convencional por parte del gobierno norcoreano.
Una de las percepciones más explícitas cuando Bush asume la presidencia, es la consideración de que Clinton había sido muy soft con Corea del Norte y muy duro con los aliados estadounidenses, Japón y Corea del Sur. En este sentido, la administración republicana culpó al Agreed Framework de fallar en la eliminación del programa nuclear del Norte. Consideraba que se había alentado a Pyongyang a
80 Powell, Collin, Declaración ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, 8 de Marzo del 2001.
En los primeros días de gobierno de George W. Bush, la visita a Washington del presidente de Corea del Sur Kim Dae Jung para promover su política de compromiso con el Norte, dejó entrever que existirían diferencias entre los dos gobiernos con respecto a Pyongyang. A diferencia de la estrategia de Clinton, Bush se opondrá a la política de apertura del presidente surcoreano81.
Sobre todo, y como se puede observar en las declaraciones de Collin Powell, la administración republicana estableció en los primeros meses de gobierno que cualquier política futura con Pyongyang debía esperar la conclusión de una revisión de la política estadounidense hacia Corea del Norte.
El primero de Mayo Corea del Norte lanzó un misil de corto alcance al Mar
del Japón. Si bien no es la primer prueba misilística por parte del gobierno de Pyongyang, éste es realizado en un contexto antes desconocido, junto con la declaración oficial de que posee armas nucleares. Esto permite pensar que, en la situación de crisis actual el lanzamiento de un misil norcoreano podría revelar un agravamiento real de la crisis en la península coreana.
Además del test misilístico, existe una preocupación con respecto a las pruebas nucleares, que hasta ahora Corea del Norte nunca realizó. Satélites espías norteamericanos rescataron imágenes que mostrarían la intención de realizar dichas pruebas en Kilju, al norte en la provincia de Hamgyeong, Corea del Norte.
Miembros oficiales de la administración estadounidense han visto periódicamente actividades de preparación de una prueba nuclear pero aseguran que en los últimos meses estas actividades parece que se han acelerado. Esta incluiría la excavación de un túnel, similar al construido por Pakistán para sus pruebas nucleares en 1998148. Existe la presunción, sobre todo proveniente de la Administración Bush, de una posibilidad que Corea del Norte hiciera la prueba nuclear el 25 de Junio, en el aniversario de la guerra coreana.
En las últimas semanas, los miembros de la administración habrían
manejado una variedad de planes para posibles sanciones, incluyendo el esfuerzo de interceptar cualquier cargamento sospechoso de misiles, u otro material ilícito.
También se estaría considerando la opción de que el Consejo de Seguridad emita sanciones al gobierno norcoreano, que ha manifestado en reiteradas ocasiones que lo consideraría como un acto de guerra.
Sin embargo, la posibilidad de cualquier movimiento en las Naciones Unidas, donde China como un miembro permanente del Consejo de Seguridad tiene poder de veto, estaría descartada. China y Corea del Sur se han manifestado en contra, en cambio China ha aumentando el comercio con Corea del Norte, así como también Corea del Sur149.
CONCLUSIÓN
La idea de comparar el paradigma de Clinton en los noventa, con el paradigma de Bush en el caso de Corea del Norte y su programa nuclear, surge de ver que, al tratar con este país la situación es distinta a la de los otros estados débiles. Esto es, si se compara con el caso de Irak en las dos administraciones, por ejemplo, la administración Bush implementó la idea del cambio de régimen que sostenía desde los noventa, y atacar este país diferenció su estrategia de la administración anterior.
En cambio, tanto en la crisis previa a la firma del acuerdo de 1994, así como también durante la Administración Bush, si bien se consideró la posibilidad de atacar Corea del Norte, esto no se hizo en ninguna de las dos administraciones. Es posible destacar que las consecuencias en este caso, como se intentó analizar en el
presente trabajo, son mucho más serias en caso de considerar la opción militar. El caso de Corea del Norte, en la política estadounidense, demostró ser similar en las dos administraciones. Si bien existen diferencias en cuanto a cómo tratar con el régimen de Pyongyang, se denota una continuidad al momento de considerar las opciones a implementar con este país. Esto se ve claramente cuando
se analiza la posibilidad de atacar Norcorea, en donde tanto Clinton como Bush reconocen la gravedad de las consecuencias.
La idea original de la tesis consistió en hacer un análisis de la política de la Administración Bush hacia Corea de Norte. Esto es lo que nos permite comparar la política de esta administración con la anterior, así como también con sus objetivos antes de llegar a la presidencia en Enero del 2001.
El marco de negociaciones en Beijing, propuesto por la Administración Bush, no significó de ningún modo un avance en la resolución de la crisis en la península.
Aquí se vio claramente que no se produjeron en el marco multilateral cambios sustanciales(o sustantivos?) de fondo de la situación norcoreana.
La insistencia de Washington de mantener su posición en las negociaciones, donde no ofreció nada a cambio hasta tanto no se cumpliera con la condición del
desmantelamiento, completo verificable e irreversible del programa nuclear norcoreano, puede ser el motivo fundamental que mantiene obstaculizado el proceso de las conversaciones de seis partes. A esto se suma la solicitud de Corea del Norte de reiterar el Pacto de no Agresión que firmaron en el año 2000 ambos gobiernos, y la negativa del gobierno de Bush ante este pedido, prolongando de este modo aún más el camino hacia una resolución de la crisis.
Del mismo modo, la Proliferation Security Initiative tampoco contribuye en mucho al objetivo de detener la exportación de material y tecnología nuclear. Como se ha analizado en este trabajo, la situación es mucho más compleja de lo que parece. Además del marco legal del que carece, la PSI no está integrada por países que son fundamentales en la región, para detener la exportación en el caso de Corea del Norte, como lo son China, Rusia y Corea del Sur.
Lo que ocurrió en realidad es que, se ha pasado de una situación (antes de Octubre 2002) en la que Corea del norte tenía una o dos armas nucleares, un Centro Argentino de Estudios Internacionales programa congelado de reprocesamiento de plutonio y quizá un incipiente programa de uranio altamente enriquecido a otra (fines de 2004), en la que Pyongyang dispone de una decena de bombas nucleares, un programa reactivado de reprocesamiento de plutonio y quizá un programa relativamente avanzado de enriquecimiento de uranio150. Del mismo modo, en entrevistas realizadas a fines del 2004 en The New York Times y El País, el director del OIEA Mohamed El Baradei declaró que Corea del Norte es el desafío más serio que tiene el OIEA. La razón que explicaría esto es porque, sin poder ser inspeccionado, el régimen de Pyongyang dispone, no sólo de capacidad de reprocesamiento sino también de acceso al ciclo
de combustible nuclear.
Daniel Poneman y Robert Gallucci, destacados analistas estadounidenses, consideran que es un error de la política actual de la administración de continuar exigiendo todas las condiciones a Pyongyang en lugar de ofrecerle un acuerdo.
Sostienen que Estados Unidos debería lograr de forma urgente que se detenga el programa nuclear de Corea del Norte, en vez de “negociar sobre lo que habría que negociar”, mientras Pyongyang tiene la oportunidad de acrecentar su capacidad armamentística. De este modo, concluyen que se deberían ofrecer a Corea del Norte garantías de seguridad y ayuda energética, a cambio de una renuncia comprobable a sus programas nucleares, y de manera más firme que en el pasado.
Esto llevaría a pensar que, a diferencia de lo que quiere dar a entender Washington, no se están agotando en absoluto todas las posibilidades diplomáticas en la resolución de la crisis151. En palabras de John Wolfsthal, subdirector de la Carnegie Endowment for International Peace, “las conversaciones en curso, pese a su total falta de progreso, permiten al Presidente Bush y a su campaña sostener que Estados Unidos está gestionando con éxito la cuestión nuclear, cuando en realidad ésta se mueve cada vez más rápido en una dirección que puede llevarla a estar fuera de control de todas las partes152.
Vemos que Bush tal vez considera victorioso haber llegado al plano
multilateral, pero su concentración en el método de las negociaciones, no se tradujo en un verdadero avance en la resolución de la crisis nuclear con Corea del Norte. La idea de “regionalizar el issue” por parte de Washington, incluyendo a otros cuatro países, no contribuyó a la resolución de la crisis en la península coreana. Una de las principales razones fue la falta de una estrategia precisa por parte de Washington, donde la Administración Bush estableciera un orden de prioridades que le permitiera salir del estancamiento de la crisis. También la falta de una estrategia coordinada los cuatro países preocupados por el programa nuclear de Pyongyang, contribuyó a dicho impasse.
Va a ser muy difícil que Corea del Norte renuncie a su programa nuclear, ya que a lo largo de la crisis se puede observar que hay una falta de la capacidad de influencia de Washington hacia Pyongyang. Es inevitable pensar que el cambio de actitud de China podría permitir el avance en el curso de las negociaciones, sin embargo este análisis no está contemplado en el presente trabajo. En cambio, la situación lleva a pensar que la Administración Bush debería reenfocar su política hacia Corea del Norte, de manera urgente, ya que el marco actual de negociación no produce ningún avance.

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